Consejos para el teletrabajo

¡Hola! No, no he descubierto el agua tibia, pero he decidido compartirla de todos modos. ¿Sabes por qué? Porque me he dado cuenta de que a diario es posible que ni tú ni yo le demos la suficiente importancia a esos sencillos gestos que nos dan oxígeno y nos ayudan a mantenernos enfocados.

Para que no te descuides y a media mañana quedes como el doble de Tom Hanks en «Náufrago», a continuación te compartiré algunos de los consejos que considero indispensables para sobrellevar la jornada laboral y avanzar a buen ritmo.

¡Cuídate siempre!

¿Qué es un texto de calidad?

Escribir un texto de calidad, que pueda leerse «bien», no es cuestión de robar un par de ideas al azar de cualquier rincón de Google, parafrasearlas o camuflarlas con algunos adjetivos pomposos e intentar estirarlas al máximo para que hagan bulto y quede cubierta la cantidad mínima de palabras solicitada. Esto puede parecer una obviedad, pero lo cierto es que a menudo me he encontrado con contenido vacío, plagiado y que encima carece de naturalidad.

Cuando una persona no entiende lo que está escribiendo, sino que está cumpliendo un encargo y ya, se nota (y mucho). El lector siente que lucha contra cada párrafo, no encuentra rastro alguno del hilo entre una idea y otra y hasta puede que se sienta tonto intentándolo. Lo peor es que, aún si llega hasta el final, sentirá que el texto no le ha dejado nada y al poco tiempo, lo olvidará. «Pesado», «difícil», «forzado»y «enredado», son algunos calificativos que puede mencionar si le preguntan luego qué tal le pareció.

En cambio, cuando una persona se ha tomado el tiempo suficiente para investigar, ordenar sus ideas y escribir con su propia voz y naturalidad, otro gallo canta. El hilo conductor resplandece, las palabras no parecen un decorado kitsch, sino que transmiten las ideas de forma clara y precisa, y al final el lector siente que el texto le ha dejado algo.

La gran mayoría de las veces, esa fluidez, esa naturalidad no son producto del primer o el segundo borrador, sino de los cambios que se realizaron en las diversas fases de corrección y revisión. Por ello, resulta positivo tomar cierta distancia del borrador para después retomarlo, y darle tantas vueltas como sea necesario antes de entregar la versión definitiva.

Soy de las que cree que para evitar lo estrambótico y brindar al lector un texto de calidad, hay que corregirlo y revisarlo varias veces. Por ello, no hay que tenerle tanto miedo a los cambios ni casarse con la prisa. Además, la naturalidad se «deja ver» gracias a las correcciones y revisiones.